Fitoterapia
La idea de la fitoterapia es recuperar el acerbo cultural, histórico
y medicinal de nuestros aborígenes y de todas las culturas que hablaron
sobre las hiervas.
La intención es que la gente recomience a usar las plantas, no solamente
para curarse las enfermedades o síntomas físicos, sino para equilibrar
las emociones, sus estados de ánimo, tal como lo usaban nuestros antiguos
comechingones. Ellos nos enseñaron que las plantas no estaban separadas
de nosotros, que el medio ambiente en general, no está separado de nosotros
y que todos nosotros no estamos separados. Por lo tanto, lo que le ocurre
al medio ambiente nos ocurre a nosotros y viceversa. Por eso, ellos
rescataban las plantas por una afinidad y, dentro de esa afinidad, las
integraban en su cuerpo en infusiones, razón principal del uso de los
morteros en las maceraciones.
Las plantas no son tóxicas, lo importante es ajustar las dosis de acuerdo
a lo recetado por los terapeutas.
El modelo de curación era integral y la medicina era básicamente preventiva,
tomando infusiones 4 veces al año para depurar sus órganos, mejorar
las relaciones entre ellos, equilibrando su entorno, ordenándose emocionalmente
y produciendo transformaciones energéticas y espirituales muy profundas
en la persona.
Lamentablemente, hay muy poco conocimiento y el sistema aborigen se
está perdiendo. Cuando muera el último aborigen con el conocimiento
de las plantas, vamos a perder lo más valioso que tenemos que es la
capacidad de curarnos.
Lo bueno es que muchos profesionales, médicos y farmacéuticos se acercan
a la escuela para aprender de las plantas. Entienden que la medicina
debería ser preventiva como en Cuba, en China, etc., con la utilización
de las plantas.
Los aborígenes usaban una medicina y un sistema de vida absolutamente
distinto al nuestro, pero que la vez es aplicable entre nosotros, en
plena ciudad, tomando plantas todos los días para que éstas vayan mejorando
nuestro estado físico, mental y espiritual.
Plantas tan simples como la ortiga, que crece en todo el mundo y es
utilizada por médicos chinos, hindúes y europeos, se transforma en un
hecho cotidiano, cambiando nuestra conciencia y nuestra salud, transformando
las emociones y las relaciones, en un mundo en que el mayor problema
es nuestra relación con la familia, la pareja, los hijos.
Es un tiempo de transformación en el que hay que mirar atrás, agradecer
lo que la ciencia médica nos ha deparado, la física moderna ha indagado
y aprovechar eso y volver de nuevo a la utilización de las plantas como
lo hacían nuestros antiguos aborígenes.
Los aborígenes siempre trataron de dejar el mundo intacto, tal como
lo encontraron o mejor. Ellos dejaban energética, física y moralmente
todo intacto, dañando lo menos posible. En aquellos tiempos, la vida
era bien vivida, en forma feliz y plena. Si la persona moría a los 40
o a los 80, se moría en la plenitud de sus posibilidades, y eso se debía
exclusivamente a las plantas. Cuando a los Mapuches les caía una tormenta
de nieve y les mataba a sus corderos, su único alimento, podían llegar
a morir de hambre. Esa situación podía llegar a provocarles mucho estrés,
pero la diferencia que la situación de estress la resistían utilizando
hiervas.
Los cursos de la escuela partieron de un contacto con la Universidad
Nacional del Comahue y la Universidad Nacional del Sur. De allí, surgió
la idea de crear una escuela basada en el conocimiento de las plantas
e integrar la visión de todos los pueblos tradicionales, más los conceptos
de la nueva farmacobotánica ortodoxa científica. Se unió todo eso en
un proyecto, donde estamos trabajando en varios cursos destinados a
todo tipo de público, para que la gente acceda al conocimiento de las
plantas desde la perspectiva que más le guste. Conociendo, tomando y
probando las plantas para curarse, para prevenir enfermedades, para
producir profundas transformaciones.
La escuela se llama Kallawaya, en honor a los sabios médicos que difundieron
su medicina por toda América, y funciona en la Patagonia y en Córdoba.
La organización mundial de la salud dice que hoy es un derecho del ser
humano pedirle a su médico que le recete y recomiende plantas y que,
si el médico no las conoce, lo derive a alguien que conozca de plantas.
Lic. Omar Riachi
El Tercer Ojo, edición Nº 3
infokallawaya@yahoo.com.ar
www.kallawaya.com.ar


